Miguel Antonio Luna José (Manino), hijo adoptivo de Nagua. - Informando y Educando

Miguel Antonio Luna José (Manino), hijo adoptivo de Nagua.



Luna José, Miguel Antonio (Manino)

Abandonó el vientre de su madre en el municipio de Santa Bárbara, Prov. Samaná, el 10 de mayo de 1926. Fueron sus padres el Sr. Miguel A. Luna, nativo de Samaná, e Isabel José, joven cuyos padres procedían del Líbano. El padre de Manino estuvo de visita en lo que en sus tiempos era la comunidad Boca de Nagua, perteneciente a la Prov. de Samaná, sintiéndose atraído por las
perspectivas de progreso que mostraba esta zona enclavada frente a la bahía Escocesa, por lo que decidió trasladarse con su familia a Nagua, cuando esta localidad aún no era un municipio. 

La llegada se produjo en el 1935 y Manino ostentaba nueve años. Con esa edad sus padres de inmediato lo inscribieron en la escuela existente en la comunidad para continuar la educación primaria que había iniciado en su pueblo natal. Más tarde pasó a la Escuela Primaria Eliseo Grullón o Escuela Graduada como se le llamó en ese tiempo, donde completó el ciclo básico. 

Este inquieto talentoso joven no encontró en su pueblo un lugar para cursar el bachillerato, sin embargo, inició estudios de forma
particular desarrollando el programa correspondiente par trasladarse al liceo secundario de Samaná y examinarse en la condición de estudiante libre, teniendo pendiente que en ese tiempo la travesía se hacia a caballo y en esas condiciones hizo el tercero de bachilletato, un técnico en Contabilidad y un curso de Mecanografia, viajando a la ciudad de Castillo, municipio de la Prov. Duarte. 

Se inició en la actividad productiva como el primer mensajero del Ayuntamiento de Nagua, ganando cinco pesos mensuales de los cuales tenía que dar el 10% para el Partido Dominicano, entidad de Rafael Leonidas Trujillo. En 1952 fue designado por el citado personaje como contable del Banco Agrícola, sucursal Nagua, posición en la que ganaba 125 pesos y a la que renunció al poco tiempo por los inconvenientes para trasladarse a San Francisco de Macorís y asistir a los cursillos que con frecuencia ofrecía la institución bancaria. 

Así se vio sin trabajo momentáneamente, presentando una situación de grandes dificultades económicas, sin embargo, no tardó en ingresar a la Casa Licorera de Brugal como vendedor. Posteriormente pasó a ser vendedor de la Lotería Nacional y empleado de la Casa Comercial Lorenzo Polanco, hasta que, en 1956, decide instalar su propia empresa, Fábrica de Hielo Miguelito, primera y única de Nagua y toda la Prov. Maria Trinidad Sánchez, la cual aún se mantiene con el éxito de siempre y es la principal suplidora de ese producto a nivel local y con cobertura nacional.

En su vida matrimonial, formalizó unión marital con la joven Modesta Emperatriz Marmolejos, conformando una hermosa y ejemplar familia completada con sus hijos: Miguel Antonio, Asfodil Altagracia, Noble Arnaldo, María Isabel, Jenny Altagracia y Abraham Arturo, todos profesionales en diferentes áreas. 

Juntamente con su esposa logro levantar un hogar dentro de los parámetros de la decencia, moral, honradez y la dedicación al estudio y trabajo, cayos resultados al día de hoy pueden valorarse al exhibir cada uno de los hijos un comportamiento memorable en cada una de las funciones desempeñadas dentro de la sociedad.

Este distinguido munícipe en todo momento fue una persona activa, participativa y preocupada por los problemas del entorno de su municipio y su provincia, por eso, además de su actividad comercial, incursionó en lo social y cultural del pueblo de Nagua, siendo tres veces regidor del honorable Ayuntamiento de Nagua, miembro del Club Casino de la Costa y uno de los fundadores de Cámara de Comercio y Desarrollo de la Ciudad de Nagua; un hombre de los dos siglos, el XX y XXI, egresado de la universidad de la vida diaria y la fiel observación de los acontecimientos a nivel local, nacional y mundial.

Exhibe su vasta experiencia, la que pone al servicio de la juventud a la que con mucho gusto sirve como consejero y punto de referencia para consultas.

Este singular hombre testigo ocular del maremoto de 1946, por su trayectoria de vida y buen ejemplo es valorado por la sociedad local como un Hijo Adoptivo de Nagua.

Tomado del libro "Forjadores del Desarrollo de Nagua" del Prof. Ynocencio Mercedes Eduardo. 

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